autor : López Campillo 7 jun. 2013

Una loma de Cervatos fue el lugar elegido para levantar un destacado poblado fortificado cántabro. Desde lo alto de la loma se domina visualmente la vía natural meseta-Pozazal-Reinosa-Valle de Buelna, aunque sorprende que los cántabros eligiesen este promontorio sin grandes pendientes naturales, aparente fácil acceso y que queda a merced de puntos cercanos como La Poza y El Pedrón (emplazamientos que a la postre sirvieron a los romanos para plantar los campamentos desde los que se asedió y tomó el castro de Las Rabas). 
Las Rabas a cambio ofrecía un entorno óptimo para desarrollar su actividad económica, con el río Marlantes corriendo en su base y fácil acceso a una gran llanura de pastos que aún hoy se conserva casi íntegra.
Ocupa 10 hectáreas y presenta dos líneas de murallas bien definidas, la interior bien visible en nuestros días. Fosos de más de 2 metros de anchura y empalizadas completaban el sistema defensivo del castro.
Serían necesarias más prospecciones arqueológicas para comprender mejor esta fortaleza de los cántabros. Se han hallado cerámicas indígenas con gran variedad de decoraciones a base de incisión, también cerámica propia de los poblados de los valles del Ebro y Duero, lo cual permite suponer la existencia de comercio y contacto cultural. Igualmente se han recuperado todo tipo de restos metálicos que resumen las actividades económicas del poblado (fragmentos de hoces, azadas, anzuelos para pesca fluvial, alfileres de costura).
El castro pudo estar habitado desde el siglo IV antes de nuestra era. Las evidencias apuntan a que fue tomado por las legiones romanas hacia el año 25 a.n.e: presenta un nivel de incendio, un castellum (El Pedrón, unos 400 legionarios) y un campamento (La Poza, en torno a 10.000) fueron levantados en las inmediaciones, aparte de los restos metálicos y monedas romanas que atestiguan las operaciones militares sobre el castro.

Imagen: vestigios de las defensas amuralladas del Castro de las Rabas.







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